Estira y flexiona mi codo, como si mis brazos fueran transparentes.
Recorre al largo brazo, busca más allá del hombro, roza mis uñas con tus yemas.
Toca los huesos de mis nudillos, viaja hipnotizado a través del color verde de mis venas.
Intenta adivinar el destino en las líneas de mis palmas.
Quizás te sorprenda el desequilibrio entre mis pies y mis manos.
Que mi codo hace un ruido extraño en cada movimiento en la oscuridad.
Que la distancia entre mi hombro y mis dedos es mayor a lo que acostumbras.
Que mis palmas no aguardan nada, más que otra mano.
Que mi codo hace un ruido extraño en cada movimiento en la oscuridad.
Que la distancia entre mi hombro y mis dedos es mayor a lo que acostumbras.
Que mis palmas no aguardan nada, más que otra mano.
Acaricia mi cabello, en un movimiento suave que me haga perder el aliento.
Intenta atravesar lentamente hasta mi nuca.
Siente mis aretes nuevos, los que en cada movimiento acompañan los rizos.
Querrás descubrir el lunar que hay detrás, en mi cuello.
Acaricia mis orejas, acerca tu cara a mi cabeza y huele el jazmín.
Y quizás te sorprenda que mi cabello está recogido.
Que no se abre en cierto modo un camino para alcanzar la parte de atrás de mi cuello.
Que mis orejas no están horadadas, y que mi cabello es lacio.
Que el lunar está en mi barbilla y arriba de mis labios.
Que el único olor existente es a oliva.
Que no se abre en cierto modo un camino para alcanzar la parte de atrás de mi cuello.
Que mis orejas no están horadadas, y que mi cabello es lacio.
Que el lunar está en mi barbilla y arriba de mis labios.
Que el único olor existente es a oliva.
Pero aún así, no me moveré.
No preguntaré por que lloras.
No reclamaré que no beses.
Ni siquiera sentirás mi respirar.
Pero no te vayas.
No te levantes.
Quédate, junto a mí.
Sólo este día.
Podría fingir que soy ella.
Podrías fingir que eres él.
Así nos estaremos amando.
En los brazos desconocidos y saberlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario