jueves, 16 de junio de 2011

Deja de sonreír, él había desaparecido, al menos había sucedido unos días atrás.
Suspira, te preguntas porque pasa lo mismo todas las veces, permanentemente contigo.
Idea, otra vez anulaste el pacto de dejar de pensarlo, de olvidarlo. Te excusarás en un "quizás ésta vez es la buena y él no fallará"
Camina, no lo verás, sin embargo sonreirás...
Y él romperá de nuevo las ilusiones vagabundas, así como tú el pacto.
¿Por qué siempre es lo mismo?
¿Por qué otra vez estás buscándolo?
¿Por qué de nuevo estás cayendo a sus pies?
¿Qué hace ese cigarrillo en tus labios?
¿Dónde quedó tu frase whynot?
¿Cuándo comenzaste a ser tan obvia?

¡Reacciona! tu celular está llamando al número que borraste para no llamar, pero que memorizaste para no olvidar.
Otra vez buscas un sin nombre para amar. A pesar de que él si te olvidó.

miércoles, 15 de junio de 2011

Cataclismo de contradicciones

*No voltees, no voltees.
Estuvimos bien por la tarde, y en la noche todo empeoró. Las horas no pasaron lentas o rápidas, ni siquiera hubo un motivo que nos acercara o algún tipo de magie repentina y romántica. Nuestros temas de conversación eran los mismos del día en que nos conocimos, tú cantabas para mí, yo leía para ti. Sólo hubo algo diferente, cuando pronunciaste "El amor se va a estrellar", y clavaste tu pupila en mí. 

*¿Es hora de voltear?, ¿qué fue todo esto? 
Busqué en ti lo que quería hallar, y encontré más de lo que esperaba, y era más allá de lo que tenías que mostrar. A pesar de ser la misma platica, los temas fluían sin tener que recurrir a típicos convencionalismos para evitar el silencio incómodo. Descubrí letras en tus canciones, poesía dinámica. Nos entendimos al hablar del otro lado de la luna, y una que otra profecía.

*Te lo ordeno, no lo recuerdes, te exijo no acordarte nunca más de este día. 
De pronto la emoción de un café y un cigarro, nuestras conversaciones, se volvieron oscuras, mudas, diferentes, ¿mostramos todo lo que somos en una tarde?, ¿dijimos todo lo que teníamos en unas cuantas canciones? Después de tantas cosas en común, ahora lo único que nos unía era el mismo cigarro, pues tu café tenía azúcar y el mío no. El cigarro se consumió, y de las cenizas ya ni hablar; volaron. 

*No le llames, no lo busques, no preguntes, no le digas la verdad, no voltees.
Y después de gastar la suela de los Converse volvimos a estar otra vez de frente, otra vez en silencio, evitando fumar, evitando sonreír, evitando hablar. -¿por qué callas?, ¿por qué callas tú?-. Vimos pasar tanta gente, muchos entes solitarios más alegres que nosotros. La temperatura comenzaba a bajar, mis manos lo sentían, era el momento de decirte que mis manos estaban frías, te adelantaste y dijiste vayámonos; y clavaste otra vez tu pupila en mis ojos. 

*Guarda tu amor, él no lo quiere. Calla el sí que tenías guardado para la ocasión.  
Avanzamos unos pasos, fumamos un último cigarro, me dijiste adiós, prolongue la despedida. Decidiste darme la espalda, el mutismo insoportable de nuevo, me diste la espalda y mentiste llamarme luego, en ese momento comprendí tus miradas, tu espalda y la mía lo entendieron, mis sentimientos también, incluso mis manos frías, Nuestras espaldas predestinaron el final del futuro inexistente. 

*Olvídalo, odialo, toma venganza del tiempo perdido. No lo busques, ni siquiera voltees, no. 
Hola, me dices, hoy me acordé de ti; repites. Y yo, sonriendo, calentando mis manos, buscando el amor donde lo había dejado, viajando a la casa de lo sagrado. 

*¿y el pacto? Anulado.

domingo, 12 de junio de 2011

Así, hasta el amanecer.

Ven, toma mi mano, baila conmigo canciones que suenan actualmente.
Estira y flexiona mi codo, como si mis brazos fueran transparentes.
Recorre al largo brazo, busca más allá del hombro, roza mis uñas con tus yemas.
Toca los huesos de mis nudillos, viaja hipnotizado a través del color verde de mis venas.
Intenta adivinar el destino en las líneas de mis palmas.


Quizás te sorprenda el desequilibrio entre mis pies y mis manos.
Que mi codo hace un ruido extraño en cada movimiento en la oscuridad.
Que la distancia entre mi hombro y mis dedos es mayor a lo que acostumbras.
Que mis palmas no aguardan nada, más que otra mano.

Acaricia mi cabello, en un movimiento suave que me haga perder el aliento.
Intenta atravesar lentamente hasta mi nuca.
Siente mis aretes nuevos, los que en cada movimiento acompañan los rizos.
Querrás descubrir el lunar que hay detrás, en mi cuello.
Acaricia mis orejas, acerca tu cara a mi cabeza y huele el jazmín.

Y quizás te sorprenda que mi cabello está recogido.
Que no se abre en cierto modo un camino para alcanzar la parte de atrás de mi cuello.
Que mis orejas no están horadadas, y que mi cabello es lacio.
Que el lunar está en mi barbilla y arriba de mis labios.
Que el único olor existente es a oliva.


Pero aún así, no me moveré.
No preguntaré por que lloras.
No reclamaré que no beses.
Ni siquiera sentirás mi respirar.

Pero no te vayas.
No te levantes.
Quédate, junto a mí.
Sólo este día.

Podría fingir que soy ella.
Podrías fingir que eres él.
Así nos estaremos amando.
En los brazos desconocidos y saberlo.