lunes, 2 de marzo de 2026

Cancioncitas para chillar en el tráfico.

 Iba manejando y no estaba pensando en ti.

O eso creía.

El tráfico estaba insoportable. Claxon. Un microbús atravesado. El calor pegando en el parabrisas. Yo con la mandíbula apretada.

Y entra la canción.

No desde el principio.

Directo al golpe.


“Ya nunca volverás a mirarme…”


Y no es tristeza lo que siento.

Es una especie de vacío seco.

Como cuando recuerdas algo que ya no te pertenece.


“Quizá en la calle vas a encontrarme…”


Y me imagino eso.

Cruzarme contigo. Cada quien en su coche.

Sin abrazo. Sin historia compartida.

Solo dos personas que alguna vez fueron incendio y ahora puro trámite visual.


“Para mí ya no serás más que una extraña…”


Esa línea no duele.

Lo que duele es que podría ser verdad.

Porque lo brutal no es que se haya acabado.

Es que el tiempo convierte lo intenso en anecdótico.


“Alguna vez conmigo ardió.”


Y sí. Ardió.

No fue tibio.

No fue cómodo.

No fue perfecto.

Fue fuego.

Y el fuego no está hecho para durar.

Está hecho para consumir.


“Ya no hay cenizas, casa o rastro de los dos…”


Ahí es donde algo se me mueve.

Porque sí hubo casa.

Sí hubo planes dichos en serio.

Sí hubo esa mentira compartida de “tardo en irme”.


Pero el tiempo no deja cenizas cuando sopla fuerte.

Deja asfalto limpio.

Sigo manejando.

Un semáforo cambia.

El de atrás pita.

Yo avanzo.

Y me doy cuenta de algo incómodo:

No quiero que vuelvas.

No quiero buscarte.

Pero tampoco quiero que lo que fuimos se vuelva insignificante.


“Solíamos pasarla bien los dos.”


Eso es lo único que queda en pie.

No el futuro.

No la promesa.

Solo el dato.

Alguna vez allí algo ardió.

Y ahora es solo una canción sonando en el tráfico mientras manejo hacia un lugar donde ya no estás.