Volumen 1.
No es un secreto que hace mucho me gustabas. No tengo el dato exacto de hace cuánto te conozco, pero sé que han pasado más de diez años.
Desde el primer día que te conocí hubo algo mágico. Hablabas con una soltura impresionante, sabías tanto, y yo solo podía escucharte sin lograr construir una sola frase que estuviera a la altura de la congruencia con la que te expresabas.
Después de eso, no tardé en hablarle de ti a mis amigas. Ellas te conocen desde hace tanto tiempo como yo.
Te quise en cámara lenta. Fuiste como un libro que descubrí sin prisa: te olí, te leí, te llevé conmigo a todos lados. Lo que comenzó siendo apenas un pie de página terminó convirtiéndose en una historia completa, de pasta dura, con páginas gastadas y ese olor a viejo que tienen los libros que uno relee aunque ya se sepa el final.
Me gustaba engrandecerte, atribuirte gestos que quizá no hacías, pero que te hacían brillar en las historias que contaba sobre ti. Con el tiempo te fui queriendo despacio, con cuidado, casi en silencio. Y ese cariño acumulado durante años terminó convirtiéndose en amor.
Cuando finalmente el cuento se cumplió y estuvimos juntos, hubo momentos profundamente hermosos. Yo te quise, y creo que tú también me quisiste. La música, las conversaciones, los planes… todo parecía encajar. Éramos canciones que sonaban perfectas cuando estábamos en sintonía.
Hasta que dejó de hacerlo. Hasta que el amor ya no fue suficiente. Hasta que decidimos tomar caminos distintos.
Te extraño. Gran parte del día tengo el impulso de buscarte, de intentar arreglar lo irreparable. Te encuentro en canciones, en recuerdos, en historias que sigo guardando porque ya no tengo a quién contárselas.
Hay días en los que siento que arrastro tu recuerdo como si fuera un peso atado a mí, y poco a poco me voy hundiendo en un pozo sin fondo, donde parece que ya estoy tocando algo parecido al fondo, pero nunca aparece la luz suficiente para salir por completo.
Mi mente me dice que me vaya. Mi corazón me grita que me quede. Y en esta historia he tenido que aprender a callarlo, casi como si hubiera tenido que matar una parte de él para poder dejar de escuchar todo lo que insiste en llevarme de regreso a ti.
Me he tragado muchas veces el deseo de salir corriendo a buscarte, porque sé que eso solo nos regalaría una anestesia momentánea antes de volver a lastimarnos.
Y yo ya no quiero eso para nosotros.
Creo que lo mejor es soltarnos. No por falta de amor, porque ese existió y fue real, sino porque contigo fui una versión de mí que nunca había podido ser con nadie más… ni siquiera conmigo misma. Y cuando alguien se vuelve un hábito tan profundo, dejarlo duele como olvidar cómo respirar sin pensar en ello.
Escribo esto entre lágrimas, pero también con la certeza de que así estamos mejor.
Cuídate mucho. Ojalá encuentres la paz que buscas. Y aunque intento ser escéptica con los reencuentros, me gusta pensar que, si la vida decide cruzarnos otra vez, podamos reconocernos más maduros, menos heridos… y en paz con lo que fuimos.